La nueva era Obama para América Latina no se ven aún y la pregunta es si habrá novedades o sólo la continuidad observable. Hasta ahora la política ‘hemisférica’ parece más bien ignorar recientes avances y cambios en la región, logrados en el lustro que Estados Unidos estaba profundamente involucrado en sus violentas guerras. Con excepción de avances hacia Cuba – cómo testimonia la extraordinaria respuesta del presidente Obama a las preguntas de Yoani Sánchez - las expectativas de mejores políticas de Estados Unidos para la región tal vez eran más bien imaginarias. Porque, tras el primer año de gobierno Obama, un primer balance es 'decepcionante' – como bien observa Marco Aurelio García, asesor del presidente Lula da Silva. Habrá que ver ahora si es que Arturo Valenzuela (discurso ante la OEA) da un nuevo sello acorde a los tiempos a esta decepcionante política hemisférica.
Por un lado está la controversia de las bases militares en Colombia que muestra una política de fuerza que enfrentan a las FARC en un complejo de paramilitarismo y parapolítica que provoca tensiones entre los poderes del Estado, como en el caso del nombramiento del fiscal general. También en México, planes de guerra al narcotráfico comportan hasta ahora la extraordinaria violencia de los años recientes - ver entrevista de Carmen Aristegui a embajador Carlos Pascual - YouTube).
Por otro lado – en Honduras - la política exterior de Estados Unidos pasa del apoyo a la resolución de la OEA contra el golpe a apoyar ahora la fórmula utilizada por la derecha hondureña dejando de lado al presidente Zelaya. J.M.Insulza ha calificado la situación hondureña de “golpe correctivo”, es decir, “echo a un gobierno, pero llamo a elecciones”. Insulza recordó que este tipo de golpe sucedía en América Latina con anterioridad a los golpes promovidos por la doctrina de ‘seguridad nacional’. Envalentonado por el nuevo apoyo, Roberto Micheletti ahora ha aprovechado para insultar al Secretario General de la OEA. En América Central, golpes triunfan sobre el cambio, titula Tim Padget su reportaje paraTime-CNN.
Cómo en ocasiones anteriores, estos casos ilustran el controvertido rol de Estados Unidos en América Latina y la relativización instrumental de estándares democráticos de su política exterior. Unas elecciones en Honduras de cuestionada legitimidad según muchos gobiernos latinoamericanos; cuentan sin embargo con la aprobación del Departamento de Estado (y de Canadá, México, Colombia y Perú). Criterio instrumental tal vez, como en Afganistán. Allí la re-elección de Hamid Karzai - que se supo fraudulenta - fue finalmente reconocida sin más con una también imaginaria democracia afgana en medio de una prolongada guerra que ya ni siquiera encuentra apoyo claro de la opinión pública norteamericana. Cómo en Colombia también en Afganistán el narcotráfico juega un rol en el conflicto.
Estados Unidos muestra una política exterior compleja – por lo pronto ilegible – hacia América Latina. Y cómo en períodos anteriores, busca y encuentra aliados difíciles – también dispuestos al uso de la fuerza para solucionar conflictos. Un problema más, probablemente, para la posibilidad de integración, debilitada por violencias verbales entre presidentes, tensiones y conflictos fronterizos y por la ubicuidad del tráfico de narcóticos y de armas en las regiones más afectadas. Obama decide asociarse con el derechista presidente Álvaro Uribe – en un conflicto de guerra interna que ya dio señales de desbordes que involucran la seguridad de sus vecinos. Brasil y Venezuela, por su lado, parecen retribuir el gesto al recibir a Mahmud Ahmadinejad y apoyar en el foro internacional su derecho al uso de energía nuclear para fines pacíficos.
